Pues, cuando eres pequeño, las cosas no se ven igual que cuando creces. Todo es distinto.
De un día para otro, como por arte de magia, todo cambia: Dejas de comer con babero, dejas de usar un sillín para el coche, dejas de dormir con un peluche al que abrazarte, dejas de entenderte con tus padres, dejas la virginidad a un lado, dejas tus estudios, dejas tu carrera, dejas tu trabajo; y finalmente, dejas tu dentadura para morir en paz de anciano. Las cosas cambian en poco tiempo. Perdemos el control de nuestra vida para que sea el destino quien lo tome por nosotros.
La respuesta a lo que sucede es sencilla, madurar, se madura en un instante.
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